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El Cante | Soledad Ruz & Monica Nuñez

8 de Diciembre de 2020


EL CANTE FLAMENCO COMO ELEMENTO TERAPEUTICO

El acto de cantar para nuestro cuerpo tiene muchos beneficios tales como la segregación de endorfinas y la liberación de tensiones. Además  mejora la respuesta inmunológica y la respiración, entre otras.

Si nos basamos  en el Cante flamenco y en la amplia gama de estilos que existen: Cantes de acompañamiento, Cantes fundamentales, De Cádiz, Fandangos, Mineros y de Levante, relacionados con el folklore andaluz, de ida y vuelta y por último los de procedencia galaico-asturiana.

No es de extrañar que el cantaor a la hora de interpretar “inconsciente o no”, elija unos estilos preferentemente a otros, puede ser por cultura,  el ambiente que haya vivido , por el tipo de público al que cante  o por cómo se encuentre ese día.

En esta relación:

Qué cantamos (PALO Y TIPO DE LETRA), a Quién cantamos (PUBLICO) y Cómo cantamos (ESTADO FISICO Y PSIQUICO DEL CANTAOR/A ) entra un sinfín de tipos de comunicación NO VERBAL.

Además tenemos que tener en cuenta el PARALENGUAJE (utilización de la voz acompañada de gestos para transmitir un mensaje).

La idea del gesto esta vinculada al movimiento, expresión y comunicación , esto implica la transmisión de un sentimiento, un significado o una intención de transmitirnos un mensaje.

A modo introductor podemos vislumbrar el universo enorme que nos ofrece el cante flamenco para poder utilizarlo terapéuticamente .

A continuación os invito a seguir leyendo el testimonio de MONICA NUÑEZ Cantaora /Musicoterapeuta, sobre su idea del cante flamenco como elemento terapéutico.


MONICA NUÑEZ CANTAORA/MUSICOTERAPEUTA

Me hace especial ilusión esta invitación de la mano de Sole para escribir sobre algo que me apasiona. Por eso, antes de adentrarme en el tema, quiero escribir en mayúsculas GRACIAS, una palabra que es esencial en mi vida y que será el hilo conductor de lo que os quiero compartir.

Son muchas las personas y situaciones que me han permitido ser cada vez más consciente del poder terapéutico que tiene Cantar. Y si hablamos del cante flamenco, para mí es hablar de la llave mágica del asunto. La llave de una puerta de mil colores que está hecha de sensibilidad, dolor, melancolía, rabia, soledad, tristeza, admiración, alegría, picaresca, humor, pasión, espontaneidad y valentía, entre otras muchas cosas. Y entre todas ellas, destacaría la que más le caracteriza, la AUTENTICIDAD.

En mi caso, tengo que agradecer que esa llave me la regalase mi madre incluso antes de nacer. Ella (sin saberlo) utilizó el cante como terapia mientras me tuvo en su vientre porque desafortunadamente, cuando estaba embarazada de mí, murió su hermano más querido con el que siempre cantaba en todas las fiestas familiares y al que adoraba. Gracias a que la naturaleza de esta familia a la que pertenezco es sin duda la ALEGRÍA, mi madre supo transitar ese dolor y volver a conectar con su esencia. Y en ello estoy convencida que el cante flamenco tuvo mucho que ver. De hecho su cante, que sólo compartía hasta ese momento en el seno familiar, se convirtió enseguida en su profesión y siempre ha sido y sigue siendo su manera más auténtica de liberar todas sus emociones. Ojalá lo siga siendo por mucho tiempo.

Por suerte para mi hermana y para mí, la canción que ella cantaba para dormirnos era la de “Todo es de color” de Lole y Manuel. Por eso mi segundo agradecimiento va para la mare que me parió, que me enseñó cada uno de los colores de esa puerta. Una puerta que está abierta a todas las personas que estén dispuestas a mirarse toda la gama de colores que somos y a expresarlos con autenticidad a través del cante flamenco.

Por seguir compartiendo lo que ha sido mi experiencia personal, debo continuar agradeciendo, en este caso a mi padre. El siempre que me escuchaba cantar me decía, con todo su cariño:

“¡Moni, saca la voz que tú puedes!”

Porque confiaba en que yo era capaz de cantar con una voz más plena. Y es que por entonces mi voz se quedaba sin volumen por timidez, sobre todo sí me pedían que cantase delante de alguien (en ocasiones hasta me escondía detrás de la cortina para que no me mirasen mientras cantaba, de la vergüenza que me daba). Parece ser que cantaba bonito, pero como él decía, no sacaba la voz. Ahora se que a eso se le llama proyectar y es una de las cosas más importantes que trabajo con mis alumn@s en las clases de cante. Ahora se que para proyectar la voz no sólo tienes que conocer la técnica de tu instrumento si no también y muy importante, es esencial que confíes en tu voz, que estés dispuesta a sentir, a escuchar y a desnudar tu alma y a mostrarla sin miedo a quien te escuche, aunque seas tú misma la única oyente y sea como una mirada en el espejo.

En mi caso, a parte de mi padre y de mi madre, han ido apareciendo muchas personas maravillosas a lo largo de mi vida que han confiado en mi voz y que han sacado lo mejor de mí para poder cantar de forma sentida, expresiva y liberadora. A todas ellas tengo que agradecer la forma en que me miraron, que me permitieron mirarme a mí misma con otros ojos y escucharme desde lo más profundo hasta ser yo misma la que me diga:

"¡¡Móni, tú puedes!!"

Y saco plenamente la voz con todos sus matices, con todos los colores, con todo lo que soy…hasta decirme ole!! Porque no hay nada más terapéutico que aceptarme y quererme así, tal y como soy.

Por eso creo que lo más terapéutico del cante flamenco es que nos permite liberar todas las emociones, nos permite SER quienes somos y expresarnos con libertad. De hecho, de esa necesidad de expresar la identidad y las emociones en libertad surgió el Flamenco como argumenta Antonio Manuel en su libro “Flamenco, arqueología de lo jondo”. De cada una de las emociones de todas aquellas personas que hace algunos siglos fueron injustamente rechazadas, marginadas y sometidas. Personas a las que los mandatarios de la época quisieron silenciar y afortunadamente no lo consiguieron. Y todo gracias a que aquellas personas encontraron las rendijas por las que poder seguir expresando su sentir y las formas de liberar toda aquella opresión a través de un arte que fue y es puro mestizaje de culturas, pura gama de colores. Hoy por hoy aquellas rendijas se han convertido en una gran puerta que el mundo entero admira de tal forma que ha sido declarada como se merece, Patrimonio de la Humanidad. Para mí el Flamenco es esa gran puerta enorme y preciosa por la que pasar con un merecido sentimiento de gratitud  y admiración a todas aquellas personas valientes, sensibles, vulnerables y fuertes que lo gestaron con tanto amor a sí mismas y a su identidad, a pesar del miedo y el silencio que les quisieron imponer. Por eso creo que hay que cantarlo como sea, mejor o peor técnicamente hablando, porque para mí es una manera de rendirles homenaje y de poner en valor toda esa herencia emocional y cultural.

Y sobre todo y por centrarme en la función terapéutica que tiene el cante en sí mismo ( más si cabe cuando se utiliza conscientemente como herramienta de sanación), quiero decir que es una puerta abierta a todas las personas que lo amen y lo quieran aprender. Sí, también el cante se puede aprender a la edad que sea, descubriendo con gusto su técnica y más allá de ella, se trata de aprender a sentir su melodía, su compás, el contenido y el trasfondo de sus letras, su procedencia, los estilos, la forma en que lo cantaba aquella o aquel y a partir de ell@s encontrar la tuya propia, la que hable de ti, de tu alma desnuda, de tus colores, que son los de tod@s.

Monica Nuñez